30/06/2015 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Infertilidad masculina: cuando las defensas se vuelven en contra
Científicos del CONICET, en colaboración con referentes internacionales, descubrieron un autoantígeno prostático que estaría relacionado a la infertil
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Rubén Motrich y Virginia Rivero. Foto: gentileza CCT Córdoba.

Virginia Rivero, investigadora principal, y Rubén Motrich, investigador asistente; ambos del Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (CIBICI, CONICET-UNC), participaron recientemente en una investigación que identificó a una proteína de próstata, llamada Transglutaminasa 4, como blanco de la respuesta autoinmune en la enfermedad humana conocida como Síndrome Poliendócrino Autoinmune tipo 1 (APS1) la cual cursa con infertilidad. El trabajo fue publicado el miércoles 17 de junio en la revista científica Science Translational Medicine.

Esta colaboración, con importantes científicos del área y referentes a nivel mundial, fue producto de una larga trayectoria en la que los investigadores argentinos habían comprobado la importancia de la próstata en la fertilidad masculina y descripto un mecanismo de autoinmunidad contra esta glándula, que provoca un cuadro inflamatorio y tiene consecuencias negativas sobre la fertilidad masculina.

La tesis de doctorado de Motrich, bajo la dirección de Rivero, se centró en el análisis de las causas de un síndrome que se conocía hasta el momento como Prostatitis Crónica No Infecciosa o Síndrome de Dolor Pélvico Crónico. Este cuadro afecta a hombres jóvenes y consiste en la inflamación de la próstata, con intensos dolores pélvicos que persisten por largos períodos –que van desde tres meses hasta varios años-, que pueden producir disfunciones sexuales e infertilidad. La particularidad de este desorden radica en que es una inflamación crónica que no es consecuencia de procesos infecciosos, por lo que sus causas eran, hasta allí, un enigma.

“Comenzamos a trabajar con la hipótesis de que este síndrome podría deberse a infecciones crípticas –ocultas- o a un proceso de autoinmunidad. Y descubrimos casos que respondían a uno u otro factor. En particular, nos centramos en el segundo y pudimos identificar que el 35 por ciento de los pacientes con este síndrome tenían una respuesta de linfocitos T autorreactivos contra proteínas de la próstata”, explica Motrich.

Es decir que en más de un tercio de los afectados el problema radicaba en una respuesta inadecuada del sistema inmune y no a un agente infeccioso externo. Imaginemos por un momento que las fuerzas de seguridad de un estado, repentinamente, comienzan a atacar a ciertos miembros de la comunidad que se supone deberían defender, por confundirlas con amenazas exteriores. Ese es el caso del síndrome autoinmune poliendócrino APS1 donde el sistema inmune “confunde” a una proteína producida por la próstata y busca eliminarla, como si fuese un peligro externo.

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Esto es lo que causa la inflamación que detectan los médicos en la consulta, pero no sólo eso. “Cuando analizamos los resultados de nuestras investigaciones en conjunto, sorprendentemente nos encontramos con que aquellos pacientes que presentaban una respuesta autoinmune contra próstata tenían la calidad seminal muy disminuida. Asimismo, eran estos pacientes los que evidenciaban mayores niveles de mediadores inflamatorios en semen, con respecto al resto de los afectados”, asegura Rivero.

Por otra parte, este síndrome, en general, se presenta con sub o infertilidad. “En la mujer se conoce cuál es la causa, un ataque autoinmune al ovario, pero en el hombre no se sabía qué estaría atacando y por qué daría infertilidad. En este trabajo encontramos que hay una proteína de próstata que sería blanco de la respuesta autoinmune. Este ataque a la próstata, que es un órgano del tracto reproductor masculino, podría ser el responsable de la infertilidad de estos pacientes”, comenta Motrich.

La próstata es una glándula que produce secreciones que acompañan al espermatozoide para asegurar que llegue sano y logre fecundar al óvulo. Entonces cuando hay una inflamación o alguna disfunción, tiene consecuencias en la fertilidad. “El espermatozoide es la célula más lábil que tiene el organismo, porque es fundamentalmente ADN recubierto de una colita de ácidos grasos poliinsaturados. Cuando éste toma contacto con el ambiente inflamatorio de los fluidos prostáticos, se daña la membrana y el ADN. Esto compromete la capacidad de fecundación y la probabilidad de que, en caso de que ésta se produzca, la gestación del individuo llegue a término y no se de un aborto”, describe el investigador.

La próstata es, en general, tristemente célebre por las enfermedades que pueden afectarla. Sin embargo, como cualquier otro órgano, en su estado normal tiene una función. En este caso, justamente, su rol es promover que el espermatozoide llegue vivo y funcional para fecundar al óvulo. Además, debe condicionar al tracto genital de la mujer para que se asegure la implantación y se llegue a un embarazo a término. Mucho de esto no se conocía hasta hace muy poco tiempo.

A lo largo de la evolución la próstata es un órgano que se ha conservado en los mamíferos superiores, y la naturaleza no conserva algo que no es útil. Sin embargo, no se conocía su función. “Hoy sabemos que secreta muchos componentes que ayudan a la reproducción. Sin embargo, las investigaciones en fertilidad masculina se centran mucho más en el testículo que en las glándulas accesorias. Este estudio resalta la importancia que tiene una de ellas, al demostrar que la inflamación de la próstata reduce la fertilidad”, asegura Rivero.

Los investigadores subrayan, además, que la colaboración en distintos niveles fue fundamental para lograr los resultados obtenidos. En primer lugar, la participación activa y el consentimiento de los pacientes fue indispensable, pero esto no podría haberse dado sin el aporte de los médicos urólogos de la Fundación Urológica Córdoba (FUCDIM) y, en particular, de Rosa Molina, quien trabaja en el equipo y dirige el Laboratorio de Andrología y Reproducción de la ciudad de Córdoba. Finalmente, el trabajo mancomunado con referentes a nivel mundial fue lo que en este último trabajo posibilitó descubrir finalmente cuál es la proteína que funciona como autoantígeno y es atacada por el sistema inmune en el síndrome APS1: la Transglutaminasa 4.

El objetivo final de estos estudios consiste en conocer las causas de la inflamación y cómo son los mecanismos que operan. Esto puede colaborar, en lo inmediato y desde un punto de vista clínico, para formular un diagnóstico preciso. Pero además, en el largo plazo, puede incidir en la búsqueda de tratamientos racionales y más eficaces contra esta patología.

  • Por Mariela López Cordero. CCT Córdoba.
  • Sobre la Investigación.
  • Nils Landegren, Karolinska Institutet y Uppsala University, Suecia.
  • Donald Sharon, Stanford University y Yale University, Estados Unidos.
  • Anthony K. Shum, University of California San Francisco, Estados Unidos.
  • Imran S. Khan, University of California San Francisco, Estados Unidos.
  • Kayla J. Fasano, University of California San Francisco, Estados Unidos.
  • Åsa Hallgren, Karolinska Institutet y Uppsala University, Suecia.
  • Caroline Kampf, Uppsala University, Suecia.
  • Eva Freyhult, Uppsala University, Suecia.
  • Brita Ardesjö-Lundgren, Swedish University of Agricultural Sciences, Suecia.
  • Mohammad Alimohammadi, Karolinska Institutet y Uppsala University, Suecia.
  • Sandra Rathsman, Örebro University Hospital , Suecia.
  • Jonas F. Ludvigsson, Karolinska Institutet, Suecia.
  • Dan Lundh, University of Skövde, Suecia.
  • Rubén Motrich, Investigador asistente del CONICET, CIBICI.
  • Virginia Rivero, Investigadora principal del CONICET, CIBICI–.
  • Lawrence Fong, University of California San Francisco, Estados Unidos.
  • Aleksander Giwercman, Lund University, Suecia.
  • Jan Gustafsson, Uppsala University, Suecia.
  • Jaakko Perheentupa, University of Helsinki, Finlandia.
  • Eystein S. Husebye, Haukeland University Hospital, Noruega.
  • Mark S. Anderson, University of California San Francisco, Estados Unidos.
  • Michael Snyder, Stanford University, Estados Unidos.
  • Olle Kämpe, Karolinska Institutet y Uppsala University, Suecia
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