Un equipo de investigación encabezado por especialistas del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC) logró reconstruir con gran precisión el cerebro de Conflicto antarcticus, una de las aves más antiguas conocidas del linaje de los Anseriformes, un grupo que incluye a los chajáes, patos y gansos modernos. Los resultados, publicados en la revista Royal Society Open Science, permiten comprender cómo evolucionaron el cerebro, los órganos de los sentidos y las estrategias de alimentación de este grupo de aves.
El trabajo constituye un ejemplo de cooperación científica entre instituciones nacionales e internacionales. Participaron investigadores e investigadoras del CICTERRA (CONICET-UNC), la Universidad Nacional de Mar del Plata-CONICET, y la Ohio University Heritage College of Osteopathic Medicine (Estados Unidos), quienes combinaron herramientas de paleontología, neuroanatomía e imágenes de alta resolución para estudiar un fósil excepcional hallado en la Antártida.
Mediante tomografías computadas y reconstrucciones digitales tridimensionales del cráneo, el equipo logró obtener un modelo detallado del cerebro y del oído interno de Conflicto antarcticus, una especie que vivió hace aproximadamente 66 millones de años, poco después de la extinción de los dinosaurios no avianos.
"Este fósil representa una oportunidad única para comprender cómo eran las primeras etapas de la evolución de la alimentación de un grupo de aves acuáticas y cuáles fueron las adaptaciones que dieron origen a la alimentación por filtración, típica de los patos actuales", señala Federico Javier Degrange, investigador del CICTERRA (CONICET-UNC) y primer autor del trabajo.
Un cerebro que conserva rasgos ancestrales
El estudio reveló que Conflicto antarcticus presentaba una combinación inédita de características. Aunque poseía un cerebro relativamente grande, conservaba rasgos considerados primitivos, entre ellos la ausencia del Wulst, una estructura cerebral asociada con el procesamiento visual y sensorial que caracteriza a la mayoría de las aves modernas.
En contraste, la especie exhibía bulbos olfatorios particularmente desarrollados, lo que indica que el olfato habría tenido un papel mucho más importante que en las aves acuáticas actuales.
Los análisis también muestran que las adaptaciones neurológicas vinculadas con la alimentación por filtrado —propia de patos, gansos y cisnes modernos— aún no estaban completamente desarrolladas. Por el contrario, Conflicto probablemente obtenía su alimento capturando pequeños organismos o vegetación en ambientes terrestres o de aguas poco profundas.
Según los investigadores, estos resultados permiten reconstruir una etapa clave en la historia evolutiva de las aves acuáticas y muestran que muchas de las adaptaciones presentes en las especies actuales surgieron de manera gradual e incluso convergente a lo largo de millones de años.
Ciencia colaborativa
Además del aporte científico, el trabajo refleja la importancia de las redes de colaboración para abordar preguntas complejas sobre la historia de la vida en la Tierra.
La investigación integró conocimientos provenientes de la paleontología, la anatomía comparada, la neurobiología y las técnicas de reconstrucción digital mediante tomografía computada, sumando capacidades de diversas instituciones argentinas y del exterior.
Los resultados amplían el conocimiento sobre la biodiversidad que habitó la Antártida durante el Paleoceno y ofrecen nuevas herramientas para comprender la evolución del cerebro y de los sistemas sensoriales de las aves modernas.