En las sierras de Pocho, en el valle de Traslasierra, el tejido en telar criollo forma parte de una historia familiar y comunitaria que atraviesa generaciones. Allí, Erick Rojas, integrante de la comunidad indígena La Unión, en el paraje Pachango, confeccionó artesanalmente un poncho que será obsequiado al papa León XIV.
Esta pieza, además de representar una expresión del arte textil regional, pone en valor un conjunto de conocimientos ancestrales que hoy buscan fortalecerse y encontrar condiciones para su continuidad.
En ese camino se desarrolla el proyecto “Infraestructura para plantar el telar criollo”, una iniciativa comunitaria en la que participa Luciana Trimano, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS, CONICET-UNC). El proyecto propone diseñar y construir espacios-refugio destinados a albergar los telares criollos y favorecer la transmisión de los saberes vinculados con esta práctica. Cuenta con financiamiento de la Secretaría de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social y Promoción del Empleo del Gobierno de la Provincia de Córdoba.
Desde una perspectiva etnográfica, la investigación analiza el tejido no solo como una técnica, sino como una práctica que reúne conocimientos sobre la crianza de animales, la obtención y preparación de la lana, el hilado, las herramientas, la construcción y el territorio. En este sentido, “plantar un telar” implica mucho más que instalar una herramienta: supone crear las condiciones materiales y comunitarias para que un saber ancestral pueda seguir vivo.
La iniciativa reconoce especialmente el papel de las tejenderas, muchas de ellas mujeres mayores que conservan y transmiten conocimientos fundamentales para la continuidad del oficio. Sus experiencias reúnen técnicas textiles, saberes sobre los ciclos de la naturaleza y formas de comprender y habitar el territorio.
Uno de los principales desafíos identificados es la falta de espacios apropiados para desarrollar la actividad. Actualmente, muchas personas deben trabajar a la intemperie, expuestas a condiciones climáticas que afectan tanto la calidad de las piezas como las condiciones de trabajo. La construcción de refugios busca dar respuesta a esta necesidad, recuperando técnicas y materiales vinculados con el hábitat rural serrano.
Para Erick Rojas, el tejido representa una herencia familiar y una forma de pertenencia al lugar: un legado recibido de sus bisabuelos y abuelos paternos, transmitido por su madre. Su testimonio también recupera la memoria de una región en la que el telar formaba parte de la vida cotidiana y de la economía familiar, cuando Traslasierra era reconocida por la producción y comercialización de textiles.
Ciencia, comunidad y territorio
El proyecto constituye una experiencia de articulación entre investigación científica, organización comunitaria y políticas públicas. Además de documentar los conocimientos textiles y constructivos, busca aportar herramientas para el diseño de políticas de salvaguarda y fortalecimiento de los saberes locales, las economías regionales y la identidad serrana.
La propuesta también plantea la posibilidad de replicar esta metodología en otras localidades de la región, mediante una red de espacios destinados a resguardar y promover la continuidad de los telares criollos, respetando las particularidades y los conocimientos de cada comunidad.
De este modo, la investigación científica contribuye a visibilizar y acompañar procesos comunitarios que fortalecen la identidad, la autonomía y la preservación del patrimonio cultural.
El poncho que viajará desde Traslasierra al Vaticano es una expresión de esa historia colectiva. Detrás de cada tejido hay generaciones de conocimientos, prácticas y vínculos con el territorio. Construir un refugio para el telar es, también, generar las condiciones para que ese legado continúe transmitiéndose.