En Argentina, la problemática del arsénico en el agua de consumo representa un desafío sanitario de gran magnitud. Se estima que cerca de 17 millones de personas en el país están expuestas a aguas contaminadas con este elemento natural. La exposición prolongada al arsénico puede provocar hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE), una enfermedad vinculada a lesiones cutáneas, problemas cardiovasculares, diabetes, diversos tipos de cáncer y daños neurocognitivos en niños y niñas.
Ante este escenario, la investigación científica se posiciona como una herramienta indispensable para brindar soluciones territoriales. Marcela Rodríguez, Daiana Reartes y María Dolores Rubianes, científicas del Instituto de Investigaciones en Fisicoquímica de Córdoba (INFIQC, CONICET-UNC), han desarrollado un “sensor electroquímico portátil, de bajo costo y fácil de usar”, capaz de detectar de manera selectiva y precisa la presencia de arsénico en el agua potable. Cabe destacar que este desarrollo está respaldado por más de tres décadas de investigación en sensores y biosensores sustentados en numerosas publicaciones científicas. Las líneas de investigación de este equipo están no sólo orientadas a la detección de marcadores de impacto ambiental, sino que también relacionados al área de la salud humana y animal, al control de calidad industrial y farmacéutico, y más recientemente, aplicados a la ciencia forense.
Innovación con impacto social
El dispositivo, que ya inició su proceso de patentamiento, destaca por su alta sensibilidad. Pruebas realizadas en localidades como General Levalle (Córdoba) y Recreo (Catamarca) validaron que el sensor puede cuantificar el arsénico incluso por debajo de las 10 partes por billón, el límite máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Lo que hace único a este desarrollo es su composición y portabilidad:
* Bionanotecnología: El "corazón" del sensor es un bionanohíbrido que combina nanopartículas de oro con un biopolímero natural derivado de la quitina (presente en caparazones de crustáceos).
* Simplicidad: Funciona de manera similar a una "tira reactiva" que se conecta a un aparato del tamaño de un disco duro portátil, arrojando resultados con una precisión comparable a los costosos equipos de laboratorio.
* Uso en territorio: Al ser pequeño y no requerir conocimientos técnicos complejos ni alto consumo energético, es ideal para su uso por parte de municipios, escuelas rurales y ONGs en zonas vulnerables.
El compromiso de la investigación pública
La relevancia de este trabajo realizado en el INFIQC radica en su capacidad de traducir el conocimiento académico en una mejora tangible para la calidad de vida de la población. Como señala Marcela Rodríguez, una de las directoras del proyecto: “Siempre el interés fue tratar de realizar un aporte a la sociedad desde nuestro lugar. Sabemos que el arsénico es un problema muy importante... hay una enorme cantidad de personas expuestas y no hay medidas para solucionarlo”.
Este avance no solo representa un hito en la transferencia tecnológica —al integrar el catálogo UNC Innova, haber obtenido el Premio UNC Innova edición 2025 y contar con el respaldo de la Oficina de Propiedad Intelectual— sino que también subraya la necesidad de políticas de salud pública que utilicen la ciencia local para el monitoreo y la prevención de enfermedades ambientales en las comunidades más desprotegidas.