17/10/2014 | INICSA - INIMEC
Tras la pista de las enfermedades neurodegenerativas
Investigadores del CONICET y médicos del Hospital de Niños de Córdoba conformaron un centro de investigación de enfermedades metabólicas hereditarias
HalacPessaolaNota
Inés Noher y Favio Pesaola. Foto: Jeremías Di Pietro, CCT Córdoba.

“Hace más de 30 años comenzaron a llegar al hospital cada vez más niños que a una edad muy temprana presentaban enfermedades neurodegenerativas, muchas de ellas de rápida evolución y que llevan a la muerte”, cuenta Inés Noher, investigadora independiente del CONICET. Aunque estos cuadros no corresponden a la misma patología y suelen tener una baja incidencia, tienen muchas características en común y se conocen en conjunto como “enfermedades raras”. Se calcula que hay aproximadamente entre 5 y 7 mil patologías dentro de esta clasificación, por lo que la incidencia del conjunto es alta.

Se creó entonces el Centro de Estudio de las Metabolopatías Congénitas (CEMECO), con el fin de estudiar estas enfermedades degenerativas metabólicas hereditarias desde una perspectiva general, que vaya desde el paciente hacia la investigación básica, cubriendo el espectro completo de manera integral e interdisciplinaria. “Con los años el instituto adquirió una gran relevancia a nivel nacional ya que atiende a todos los pacientes de la mitad del país hacia el norte, pero también a nivel internacional por la cantidad de enfermedades descriptas y por la calidad de las publicaciones”, comenta Favio Pesaola, becario doctoral de CONICET.

“Estas patologías representan un desafío enorme para los sistemas de salud porque cuando un niño las padece, inmediatamente la familia debe soportar unas cargas tremendas en cuanto a la dificultad de los diagnósticos y la escasez de terapias disponibles”, asegura Noher. Entonces una de las mayores preocupaciones radica en cómo brindar apoyo en los diversos ámbitos a las familias.

         ¿Cuáles son las características que comparten estas enfermedades? El niño nace con una deficiencia en algún eslabón del metabolismo y esto tiene consecuencias en el funcionamiento de los órganos y, en general, afecta principalmente al sistema nervioso central.

El grupo integrado por Noher y Pesaola, entre otros investigadores, se centra en el estudio de un grupo determinado: las Lipofucinosis Ceroideas Neuronales (LCN), que afectan a las neuronas. “Comienza a verse por caídas, problemas del habla o de comportamiento que en un principio pasan desapercibidos. Luego se presentan convulsiones muy severas y pérdidas de la visión. Si bien se dan de manera diferida, se terminan presentando las dos. Más tarde comienza la regresión intelectual y la pérdida de la motricidad. Finalmente se produce, en general, un deceso temprano” describe Noher.

En este sentido, en el 2003 se comenzó a trabajar desde una perspectiva que rebasa la clínica profundizando el diagnóstico de esta patología en particular. A partir de allí, el instituto se consolidó como un centro de referencia, es decir que centraliza el estudio de todo niño sospechado de portar LCN en el país. “Desde aquel entonces hemos reunido 220 familias con hijos que se presumían afectados y se les ofreció un diagnóstico preciso, donde se llega hasta la identificación del gen y de las posibles mutaciones. Esto es fundamental para la prevención”, cuenta la investigadora.

 “Debido a que la realidad de estas familias es muy dura, lo que se busca es correr de allí la mirada y tratar de conseguir una mejor calidad de vida para el individuo e, indirectamente, para el grupo”, comenta Pesaola. En la actualidad no existen terapias curativas sino que se busca disminuir los síntomas. Además el conocimiento y la información son fundamentales para quienes están a cargo de los cuidados. Las asociaciones de familias también son muy positivas y necesarias ya que se establecen relaciones cooperativas en las que se acompañan, aconsejan y sostienen mutuamente y, en Argentina, existe una específica para estas afecciones.

Esta enfermedad es de herencia mendeliana, que quiere decir que el niño desarrollará la enfermedad si ambos padres tienen la mutación en su información genética –aunque no se haya manifestado- y aportan un óvulo y un espermatozoide con dicha condición. Esto representa un veinticinco por ciento de probabilidades en cada uno de los embarazos. Pero si sólo uno de los progenitores, o ninguno, aporta el gen mutado, el niño no presentará el mal. En casos muy poco frecuentes es el niño quien desarrolla la mutación.

Para la ciencia, la primera cuestión es encontrar la falla y reproducirla para poder estudiarla, identificar cómo se puede reconocer en otros sistemas y, finalmente, encontrar la vía metabólica que pueda sustituir o compensar el error. “Actualmente estamos estudiando la función de una proteína -CLN8- de la cual sólo se conocen los síntomas cuando está presente. Si pudiéramos describirlo, en un futuro –por ahora lejano- se podría pensar en una terapia que afectaría esta vía metabólica”, cuenta Pesaola.

“A nivel mundial se están estudiando técnicas de restitución enzimática, para reponer al individuo su carencia o, más difícil, terapias de reemplazo de genes. También se hacen aproximaciones con fármacos, más tradicionales, que están avanzando mucho a través de la nanotecnología”, explica Noher. No obstante, más allá de los progresos, los investigadores resaltan el hecho de que aún no hay una cura.

Finalmente es necesario mencionar la prevención de estas enfermedades que durante un número variable de años no presentan síntomas. En ese lapso pueden nacer otros niños y también estar afectados. “La detección temprana es muy importante para poder informar a la familia qué posibilidad tienen de que se repita y, en caso que así lo deseen, puedan tomar medidas concretas, con técnicas de implantación de embriones, por ejemplo”, asegura la investigadora.

Además, el interés en conocer cómo funciona la neurodegeneración va más allá de este grupo de patologías y radica en los vínculos con otras afecciones del sistema nervioso central como por ejemplo el mal Alzhéimer, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob -también conocida como el mal de la vaca loca-, o el Parkinson. De esta manera, describiendo una vía metabólica afectada en una, se espera poder echar luz sobre el resto.

14° NCL Congress

Este año, del 22 al 26 de octubre, se realizará en la ciudad de Córdoba el Congreso Internacional de Lipofucinosis Ceroideas Neuronales, que reúne estudios y experiencias de grupos de todo el mundo. Se lleva a cabo cada dos años, una vez a cada lado del Océano Atlántico. “Del lado americano, siempre se hizo en Estados Unidos pero debido al peso que están teniendo nuestras investigaciones nos propusieron ser organizadores este año. O sea que Argentina es el primer país latinoamericano que funciona como sede de este congreso mundial”, explica Noher.

Además de la exposición de trabajos científicos habrá un espacio de transferencia para docentes y alumnos universitarios y de postgrado y un espacio de reunión de padres y familiares. También tendrá lugar una feria con stands donde los padres podrán hacer preguntas acerca de las investigaciones.

Para más información e inscripciones, consultar en www.nclcordoba.com o en https://www.facebook.com/NclCongress2014

Por Mariela López Cordero – CCT Córdoba

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